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Gold Digger

Gold Digger - Aleksandr Voinov Debería haber hecho esta reseña anoche. Bah, a eso de las 2 de la mañana, cuando aún estaba tratando de salir del torbellino. En realidad, pensándolo bien, no hubiera sido una buena idea. Sí hubiera tenido mayor consistencia emocional, pero mucha menos coherencia gramatical.
Mientras me recomponía del específico momento en el que esta novela jugó con mis fibras más personales, analizaba de qué manera puntuarla, cómo reconstruir las sensaciones (completamente mías, claro, que probablemente no le surjan a un otro diferente que la lea), sin que parezca obsecuencia, o falta de objetividad, o como si reflejaran algún interés particular en que sus libros tengan el puntaje más alto. Cada obra del autor me ha tocado en aspectos diferentes, y me han gustado también por características diferentes. No siempre se activaron los mismos botones de mi psique, y es quizás esa combinación entre expectante sorpresa y completa certeza de que seguro será un viaje de placer lo que me hace volver y volver a sus libros. Sí puedo afirmar, casi con completa seguridad, que el remolino de emociones es mucho más fuerte cuando escribe solo. No es que sus trabajos en compañía me hayan disgustado ni mucho menos, pero sí creo que la manera en la que construye el relato su cabeza se complementa mucho mejor con la mía cuando la deja volar sin necesidad de amoldarse a un otro.
Gold Digger es una obra por sí misma. No hay manera de aprovecharla en su individualidad si como lectores tenemos la necesidad de mantener tenso el hilo conductor con Special Forces. No es justo para ninguna de las dos narraciones. Son épocas distintas, condiciones distintas, personajes marcados por circunstancias distintas, y hubiera sido completamente extraño que la angustia de la primera aún se mantuviera en la segunda. Es bello volver a leer a Vadim, en su presente. Y es precisamente esa magnífica y superlativa interacción entre padre e hijo lo que mató por completo. Puede que haya -quizás- algún tipo de spoiler indirecto e involuntario en lo que sigue, pero no estoy muy segura y honestamente no puedo decirlo de otra forma.
Mientras surcaba las olas de Gold Digger pensaba que a fin de cuentas ser padre es una función, un rol; no es un personaje real sino una metáfora que no está asociada directamente a nadie en particular sino que puede ser representado por cualquier persona independientemente de la relación sanguínea, su sexo anatómico o su identidad sexual. Y pensaba también en mi papá, nacido en el año 1941, cuyos principales recuerdos de la infancia estaban asociados con los bombardeos, con su madre enseñándole cuándo había que esconderse, con el clima de opresión; con el recuerdo de su propio padre soldado de guerra, perseguido por los fantasmas y los recuerdos trágicos de esa época y ausente en su rol. Y cómo eso marcó a mi propio padre en su propia función, cómo esos fantasmas terminaron por transmitírsele como herencia genética, definiendo lo que no fue y determinando para siempre su vida y lo que decidió hacer con ella. Y leía a Vadim y a Nikolai, y sentía esa unión más allá de la sangre. El afecto más allá de la vida. Y la suerte que tienen de tenerse y cómo extraño eso que no conocí, eso que imagino cómo debe ser. Extrañar lo que no se conoce es tan absurdo....
Con seguridad no a todos les despierte lo mismo, claro, pero yo sentí a Nikolai. Sentí su fortaleza, sentí su completa ausencia de prejuicios respecto de por qué Vadim es su padre, la naturalidad con la que el rol está asociado a su figura. Y con esa misma honestidad es que vive su pasional y quizás un poco apurado amor con Henri. Y también así encara las decisiones que se van sucediendo en relación con Cybele y Ruslan. En el momento de tomar el toro por las astas, no duda. Un baile de la victoria por Nikolai.
No todas las historias de padres con hijos me rememoran la mía que no fue, no soy una magdalena que llora ante cualquier representación. Pero cuando están bien hechas, me pegan como un mazazo. Quizás ni siquiera era lo que quería destacar Voinov, la verdad es que no lo sé, pero la fusión de aspectos y la maravilla con la que logra crear personajes tan pero tan reales es apabullante. Me va a costar salir de esto.